El diseño intelectual [ o ] Re-configurando la noción de diseño

En este mundo hay que pensar, proyectar, diseñar y producir [1]...

Hoy voy a hablar de la noción de diseño, diseñador y proyecto¿Qué es el diseño, qué es diseñar? Con frecuencia relacionamos el concepto de diseño solo con lo visual, de alguna manera se ha constituido ese vínculo impreciso, probablemente desde al ámbito cultural. No cabe duda de que la visión es un sentido valorado en nuestra sociedad, quizá sea el más valorado de los cinco sentidos. Por ello, es factible plantear que…

“Vivimos en una cultura oculocéntrica, lo que significa que su centro está localizado en cada aparato perceptivo humano, creando un solapamiento de campos visuales para cada sistema ocular. Cada mirada humana explora el espacio óptico y segmenta su campo visual en objetos y fondos, en un fenómeno llamado preatención. Y la selectividad de esta mirada conduce a una jerarquía perceptiva generada por diferentes factores objetivos y subjetivos: escasez o ubicuidad de ciertas imágenes (televisión, publicidad), tamaño físico, distancia del observador, afinidad con los intereses del observador, etcétera” [2]

Podemos advertir la forma explícita con la cual la imagen es hiperproducida y sobre-expuesta en el espacio cotidiano. Tenemos cierta devoción por la imagen en todas sus manifestaciones, y ligado a ello, una especie de culto por la estética y el diseño (o mejor dicho, la expresión visual del diseño). Sin embargo, es precisamente de esta prefiguración sobre el diseño de la que pretendo distanciarnos en este artículo.

Otl Aicher

Para Otl Aicher, por ejemplo…

“[…] el diseño no se entiende como ennoblecimiento, embellecimiento o atavío. El significado original de la palabra incluye el de proyectar. El diseño es primariamente proyecto, aunque con el tiempo la palabra haya tomado el significado predominante de arte cosmética, de estética. La cultura del diseño puede concebirse como la cultura de las maneras de organizarse en este mundo en lugar de evadirse de él en la estética compensadora. Entonces el diseño se aproxima a la razón activa”[3]

No tengo dudas de que el diseño es más que una expresión estética. Es parte de un proceso reflexivo, por lo que se ocupa de una función esencial en el desarrollo de toda empresa humana: modificar el estado de las cosas con sentido, es un acto volitivo del diseñador. En cuanto tal, parece Aicher muy certero al afirmar que el diseño se aproxima a la razón activa, porque como ya apuntamos, al ser un proceso reflexivo es también un acto intelectual con pretensión de ser proyectado en el mundo fáctico. Ahora bien, si lo trasladamos al campo productivo, en el cual se ocupa con mayor frecuencia,  podemos notar que…

“[…] el diseño, en stricto sensu, es una fase de un proceso productivo complejo en el cual intervienen múltiples factores condicionantes de los resultados finales. Como tal fase, carece por completo de autonomía programática. El diseño no tiene capacidad de decisión sobre el sentido y finalidad de sus productos”[4]

Por lo tanto…

“[…] el diseño-a-secas no es más que una fase del proceso productivo, fuera del cual carece de existencia real”[5]

Esta manera de entender el diseño podría considerarse puntual y funcionalista, quizá hasta reduccionista. No obstante, explica el significado de diseño en el ámbito productivo, donde finalmente se manifiesta más allá de su expresión estética. Tomando esta definición como antecedente, quiero apuntar que el diseño no es solo una fase, sino también un proceso, de manera simultánea. Ahora podemos referirnos a él como proceso de diseño.

Antes de continuar, conviene aclarar que la visión que estoy planteando entiende al diseño como un proceso (entre otros) inmerso en el proceso de producción. Es decir, el diseño, desde esta perspectiva, cobra sentido en el momento en que se vuelve parte de un todo y ese todo es, en palabras del productor y académico Roy Roberto Meza, un proceso de procesos.

Charles D. Tupper apunta sobre el proceso de diseño lo siguiente:

“The design process is unique, and it is easy to see that the goal of the design process is a solution. So this all seems very simple, but unfortunately, this is not the case. As we have already discussed, the real crux of design is defining the problem in the context in which it must be resolved. The contextual analysis is the hard part. In a true design process, the work area must first be defined and delineated from the context it is in”[6]

Si bien no estoy de acuerdo en que el proceso de diseño es único, ya que si fuese así llevaría a una única solución invariablemente (cosa que no existe), soy consciente que efectivamente tiene como objetivo principal prototipar soluciones. Si hablamos de soluciones es porque debe haber, por supuesto, un problema que solucionar.

Para atacar el problema, el proceso de diseño debe tener claro de manera previa las condiciones en las cuales surge dicho problema y las condiciones en las que se resolverá. Por ello Tupper sugiere realizar un análisis contextual del problema como parte fundamental del proceso de diseño, convirtiéndose en una especie de prerrequisito para diseñar y prototipar soluciones.

Existen algunos otros elementos que contribuyen a una explicación más clara del proceso de diseño. Dichos elementos tienen relación con el análisis contextual, el planteamiento del problema y el prototipado de la solución. Están sintetizados en el siguiente párrafo:

“[…] cada diseño lleva –debería llevar- en su seno un designio, y todo objeto debería ser proyectado teniéndolo presente. Designio significa, entonces, intención […] A partir del problema concreto, que el objeto por diseñar es llamado a resolver se formula el designio –la intención-, que tiene el papel rector en todas las decisiones que se toman durante el proceso de configuración. La intención proyectual se genera a partir de la dilucidación de las características específicas del problema. Si las soluciones aportadas por el proceso de diseño para la resolución responden satisfactoriamente todos los requerimientos básicos exigibles (técnicos, semánticos, psicológicos, culturales), entonces el designio ha cumplido su función esencial. Este desaparece, se funde en el diseño, por así decirlo” [7]

Yves Zimmermann

Yves Zimmermann retoma la noción de designio, misma que supone una intención rectora del proceso de diseño. Por ello me referí a él anteriormente como un acto volitivo. El designio es un elemento clave porque se encuentra vinculado a otras dos nociones que nos permitirán entender mejor el tema en cuestión. La primera de ellas es el diseñador y la segunda el proyecto. Veamos la primera entonces, el diseñador.

“La actividad del diseñador consiste en crear orden en un campo de factores heterogéneos y en conflicto, en valorar”[8]

Por lo tanto, no se trata de alguien con dotes artísticos para la ilustración o cualquier otra expresión de tintes estético-visuales, sino de una mente reflexiva, capaz de analizar el entorno y disponer sus elementos para que cumplan un designio. Ahora podemos reafirmar que el diseño implica no solamente un acto volitivo, sino también un acto intelectual. También debemos considerar que…

“[…] el diseñador, al diseñar un ente cualquiera, lo dota de una apariencia (ver) y en la medida en que se trata de un ser-a-la-mano (objeto) o de un ser-a-la-vista (signo), este ente lleva su verdad al encuentro con su usuario o con su espectador. Así, diseñar sería configurar la verdad (ser) de un objeto o signo”[9]

La apariencia suele ser la manifestación y materialización del diseño, pero no es el diseño en sí mismo. Pertenece a una fase más del proceso de diseño, en la cual se configura el aspecto del ente diseñado. Quizá la apariencia sea lo que percibimos y valoramos en el diseño, por ello culturalmente damos prioridad a la estética. Confundimos lo que es diseñar/ser diseñador, atribuyéndolo la mayoría de las veces solo a aquellas profesiones  que se dedican a desarrollar la manifestación visual del diseño (apariencia) de manera explícita. Lo cierto es que…

“No hay criterios claros sobre cómo evaluar un diseño o un diseñador mismo, probablemente porque no se acaba de entender lo que realmente es el diseño. La profesión anda escasa de mentes dispuestas a reflexionar sobre su ser y su hacer, de modo que no ha generado teoría”[10]

Esto, al parecer, repercute en la percepción social sobre el diseño y lo que implica ser diseñador. Distancia a las personas de su posible aproximación al diseño, haciendo que les parezca ajeno, inútil en lo cotidiano y propio de los profesionistas gráficos. Lo cual, por supuesto, es un gran error. Una vez tratada de manera breve y puntual la noción de diseñador, nos ocuparemos entonces de la noción de proyecto. Lo primero que hay que advertir al respecto es que…

“[…] proyectar es generar mundo. El proyecto nace allí donde se produce el encuentro de teoría y praxis. En tal encuentro, ninguna de las dos anula. Ambas encuentran su despliegue”[11]

Por ende, el proyecto es la expresión por excelencia del desarrollo humano, basado en el principio pensar-hacer. El proyecto lleva consigo el designio que precede y pauta al diseño, implica de una u otra forma la idea de inercia encarada al futuro, de prospectiva, de intencionalidad. Esta es la razón por la cual “proyecto” es una palabra notablemente valorada en nuestro tiempo, sugiere la posibilidad de crear lo inexistente.

“Hoy es el proyectar mismo el que abre perspectivas. El solo, y no el espíritu de la época. El propio proyecto muestra lo que le ha acontecido, lo que es la cosa”[12] sin siquiera existir.

En el fondo, proyecto es virtualidad, una de las máximas expresiones de la posmodernidad. En términos concretos:

“El proyecto consiste en diseñar el medio que hará factible la consecución del fin al que apunta el designio. Un proyecto –su forma o su naturaleza- viene determinado por las características del problema que debe resolver y por los medios sobre los que se apoya”[13]

De esta manera se puede entrever que el proceso de diseño queda inmerso en el proyecto, se funden en un mismo proceso integral.

Me parece conveniente enfatizar que la visión que propongo de diseño y diseñador no está relacionada a la visión popular, ya que pienso que el quid del diseñador (y del diseño en sí mismo) debe estar más vinculado a la labor intelectual que a la labor técnica o gráfica. Aunque reconozco que la manifestación visual del diseño es la más reconocida (por obvias razones), ésta solo representa la materialización del diseño, no el diseño per se.

Quizá uno de los errores más comunes en torno a la noción de diseño, como ya mencioné, es creer que diseñar es un acto técnico, y no un acto intelectual. Este tipo de creencia limita la noción de diseño, la desvirtúa y promueve la falsa idea de que sólo aquellos que tienen un título de diseñador, que cuentan con destrezas técnicas o conocimientos de software de diseño, podrán diseñar. Con esto NO quiero decir que estudiar el diseño, sus metodologías y teorías, es innecesario, o que los conocimientos técnicos y de software sean inútiles. Todo lo contrario, son de gran ayuda como herramientas auxiliares, pero la facultad de diseñar no depende de estos factores.

En la actualidad se vuelve cada vez más necesario ampliar la noción de diseño. Para ello debemos estudiarla, reestructurarla y contextualizarla en nuevos espacios

Hugo Pardo Kuklinski

productivos, con la finalidad de que trascienda su reducida visión en el imaginario colectivo y repercuta positivamente en el desarrollo social. Existen diversas propuestas encaminadas hacia este propósito, sin embargo, la metodología de diseño que explica Hugo Pardo Kuklinski en su libro Oportunity Valley, llamada Design Thinking, funge para mí como un claro ejemplo de los alcances de la noción de diseño y de que diseñar no es exclusivo de los autoproclamados “diseñadores”. El Design Thinking se basa en…

“[…] promover un pensamiento de diseñador para no diseñadores que les permita atacar problemas concretos creando innovación con el usuario en el centro del proceso […] coloca las herramientas en la mano de personas que nunca se han pensado a sí mismas como diseñadores […]”[14]

Design Thinking

El resultado es la generación de mentes susceptibles y abiertas a la experimentación, al cambio, a la implementación del diseño como una herramienta intelectual para desarrollar mundo o para acercarnos a la resolución de los problemas cotidianos. Finalmente, antes de de terminar el presente artículo, vale la pena sintetizar una de las ideas centrales sobre la noción de diseño que se ha planteado aquí. Para ello, recurro a la premisa de Otl Aicher que enuncia:

Todo lo hecho por el hombre es susceptible de ser diseñado[15]

Para Aicher no había nada que no pudiera ser proyectado, diseñado y desarrollado, afirma Zimmermann. No obstante, también hace una llamada de atención al respecto:

“Un diseñador que no conoce la naturaleza y las propiedades de lo que tiene entre manos no puede proyectar”[16].

Si creen que la noción de diseño implica mucho más que sus manifestaciones estéticas/visuales culturalmente proclamadas, compartan este artículo.

[1] En realidad, el diseño subyace a todo el proceso productivo digital.

[2] Gubern, Román. Del bisonte a la realidad virtual. La escena y el laberinto, p. 131-132

[3] Aicher, Otl. El mundo como proyecto, p. 182

[4] Chaves, Norberto. El oficio de diseñar. Propuestas a la conciencia crítica de los que comienzan, p. 61-62

[5] Chaves, Norberto. El oficio de diseñar. Propuestas a la conciencia crítica de los que comienzan, p. 167

[6] Tupper, Charles D. Data Architecture. From Zen to Reality, p. 6

[7] Zimmermann, Yves. Del diseño, p. 112

[8] Aicher, Otl. El mundo como proyecto, p. 73

[9] Zimmermann, Yves. Del diseño, p. 67

[10] Zimmermann, Yves. Del diseño, p. 101-102

[11] Aicher, Otl. El mundo como proyecto, p. 180

[12] Aicher, Otl. El mundo como proyecto, p. 57

[13] Zimmermann, Yves. Del diseño, p. 161

[14] Pardo K., Hugo. Opportunity Valley. Lecciones <aún> no aprendidas de treinta años de contracultura digital, p. 215-216

[15] Zimmermann, Yves. Del diseño, p. 88

[16] Zimmermann, Yves. Del diseño, p. 106

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